ZONA B: EMPATE CON SABOR AMARGO PARA EL CALAMAR

Por la fecha 14, Platense y Gimnasia de Mendoza igualaron 1-1 en un partido muy desprolijo. Lo que era una oportunidad para meterse en zona de playoffs, terminó en bronca por el poco compromiso del equipo.
LIGA PROFESIONAL DE FÚTBOL 12 de abril de 2026 Lucas Varela

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Platense dejó pasar una oportunidad clave. En una tarde que arrancó con buenas sensaciones, el equipo mostró dos caras: una firme y protagonista en la primera mitad, y otra desordenada y sin respuestas en el segundo tiempo. El 1-1 final frente a Gimnasia de Mendoza terminó dejando más dudas que certezas en Vicente López.

El Calamar salió decidido a imponer condiciones. Con intensidad y movilidad, generó varias situaciones claras que pudieron haber cambiado la historia temprano. Pero la falta de eficacia volvió a ser un problema. “Tuvimos muchas claras… la autocrítica es que no las terminé bien”, reconoció Juan Gauto post partido, reflejando lo que fue una constante en ese primer tramo.

El dominio, sin embargo, no se tradujo en tranquilidad. Porque en el fútbol argentino, cuando no liquidás, lo pagás. Y eso fue exactamente lo que pasó. En el complemento, Gimnasia de Mendoza ajustó, se plantó mejor y empezó a crecer en el partido. Platense, en cambio, perdió el control, retrocedió metros y le dio vida a un rival que venía golpeado.

El empate llegó a través de la pelota parada, una vía que volvió a castigar al conjunto local. Un golpe directo a la confianza, que además encendió el malestar en la tribuna. El clima cambió por completo: de la expectativa al enojo. “Entendemos a la gente, estamos en deuda”, admitió Iván Gómez, otro de los que dio la cara tras el partido.

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El cierre fue tenso, con un equipo que intentó más por empuje que por ideas y otro que se llevó un punto valioso. Para Platense, la sensación fue clara: se escaparon dos puntos. Y no es uno más. En la recta final del torneo, cada detalle pesa, y el margen de error es cada vez menor.

Ahora, el foco cambia rápido. La Copa Libertadores aparece en el horizonte inmediato, pero el torneo local sigue marcando una realidad incómoda: el Calamar no logra sostener lo que hace bien y paga caro cada desconexión. El tiempo se achica y la obligación empieza a pesar.

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